La experiencia de La Misericordia

Como cristianos celebramos el Año de la Misericordia. Durante éste trayecto hemos ido ahondando sobre la "Misericordia" adhiriéndonos a actitudes de vida fundamentales para la fe como la compasión, el perdón auténtico, la solidaridad y la subsidiariedad, entre otras.

En todo caso, mas allá de todo lo que podamos leer y escuchar o entender sobre la Misericordia a través de hermanos en la fe u otros recursos que el Señor o Santa María nos hayan proveído tipo meditaciones sobre la parábola del hijo pródigo entre otras, hubo un texto que me facilitaron en mi retiro espiritual anual y que me ha cambiado la visión de la existencia aunque en la práctica tenga mucho que adherir al corazón. Se los dejo a continuación (Por favor tomarse su tiempo para meditar en actitud de recogimiento espiritual de pronto ante el Santísimo, en un momento a solas contigo, a solas con Dios):

Fragmento de libro "Decir al hombre" (Pág. 299 a 310)

Sin buscar entorpecer la reflexión del texto, continuando el relato acorde a la sagrada escritura, en la reconciliación de Pedro con el Señor Jesús (Evangelio según San Juan 21), allí, Pedro ha entendido que es amado sin merecerlo, es amado aunque no pueda corresponder como idealmente él quisiera corresponder al amor del Señor Jesús.

Pedro, quien dijo que no lo traicionaría, cometiendo lo que prometió nunca haría, padece la miseria de haber traicionado a su amigo, experimenta toda su existencia letalmente resquebrajada, la imagen de firmeza sobre la cual proyectaba su vida (vocación y razón de ser) se desploma ante sí. El Señor Jesús, mirando el corazón de Pedro que se reconoce miserable, le pregunta tres veces sobre su amor a él (¿Pedro me amas?), Pedro las tres veces responde que quiere a su Señor pero a la vez sentencia su limitación con su "Señor, tu lo sabes todo, tu sabes que te quiero" pues reconoce su incapacidad de amar infaliblemente (su incapacidad de amar dispuesto a dar la vida por sus amigos como el maestro), sin embargo, nada de eso limita el amor del Señor Jesús por Pedro pues el Señor lo reafirma en su amor, en la experiencia de que quien te ama, te ama a pesar de tus miserias.

Así, desde entonces Pedro atraviesa todo un proceso de adhesión al amor del maestro (va aprendiendo a amar, a amar como Cristo, sin que el otro lo merezca) hasta el punto que al final de sus días puede felizmente amar en verdad dando la vida por sus amigos, sus ovejas (Ver Catequesis de Benedicto XVI, 26 de Mayo de 2006, párrafos 10 al 13).



Algunas intenciones de describir la misericordia:
  • Se trata de dejarme salvar (amar) por el Señor Jesús en su amor reconciliador. Un excelente ejercicio recomendado por el Papa es recordar todos aquellos pecados "terribles o escandalosos" que hayas cometido, y que en una realidad paralela todo ese mal ejecutado (que no fueron las circunstancias sino mi propia opción por el mal) se hicieran algo público y que en lugar de que me duela el cómo me verían una vez expuestos mis pecados y miserias, lo que me duela sea el corazón ante el daño hecho a los demás y a mí mismo, que me duela reconocer mi alejamiento de Dios, el haberle ofendido rechazando su amor. Se trata de reconocer la propia miserables y reconocerse indigno del amor del Señor.
  • Se trata de adherir al corazón que Dios me perdona siempre que me arrepiento y reconozco el daño realizado pidiendo perdón, empeñado en reparar el mal cometido. Negar el mal realizado me niega el perdón porque si no aceptamos que cometimos una ofensa entonces el otro no tendría nada que perdonarnos, en cambio, cuando tengo dolor de corazón por haber ofendido, cuando reconozco el mal (lo contrario al bien), cuando me duele el mal cometido y pido perdón, cuando acepto el amor incondicional del Señor, entonces Él me puede abrazar con su misericordia.
    • Se trata de captar que por muy enriquecida que tengamos la idea de misericordia, ésta seguirá siendo sencilla, inabarcable e inagotable pues la misericordia es Dios mismo que me ama siempre con la misma intensidad y totalidad de su ser a pesar de la miseria de mi corazón y que cuando me alejo siempre me busca y espera mi retorno a su casa. Captemos que la misericordia es algo que va más allá de todo lo que pudiéramos concebir, idear o ubicar en categorías humanas de mundo "justo" pues la misericordia va mas allá, es una justicia que restaura heridas en el amor.
    Charla: El corazón del hombre y el corazón de Jesús

    Gracias por su tiempo, espero todo ésto les sea muy provechoso. Que la madre de la misericordia nos conceda un corazón de carne a semejanza de su hijo el Señor Jesús. Dios mediante, ahí nos vemos.

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